Con ‘Mettavolution’, Rodrigo y Gabriela se alejan de la zona de confort

Después de cinco años sin grabar un nuevo disco, los músicos han decidido salir de su zona de confort y ahora lanzan un nuevo álbum con un sonido diferente a lo que se les ha escuchado.

Como las hamburguesas de McDonald’s, hay canciones que están hechas para gustarle a casi todo el mundo. Música fast food, le llaman Rodrigo y Gabriela, el dúo mexicano que tras casi 20 años de carrera internacional, admite haber caído en una fórmula para crear éxitos.

Después de cinco años sin grabar un nuevo disco, los músicos han decidido salir de la que, reconocen, fue su zona de confort. Y lo hacen con su séptimo álbum de estudio: Mettavolution, un juego de palabras: metta (que hace referencia a la meditación budista, pero también al vocablo sánscrito que significa “compasión”) y evolution (evolución).

 ¿Cómo ha sido su camino en esta industria que privilegia los grandes sencillos sobre los álbumes conceptuales, que son los que ustedes están acostumbrados a hacer?

Hoy existe mucha música desechable. Música diseñada específicamente para tener más likes. Canciones con ciertos ritmos y ciertas frecuencias para ser del gusto popular. Es música fast food que, con la correcta cantidad de sales, saborizantes y aditivos, se convierte en todo un fenómeno de masas. Hagamos un ejercicio: recordemos cuál fue la canción que sonó en el verano de 2007. Muy pocos se acuerdan de ello. Porque la trascendencia musical sólo proviene de qué tan genuinos sean los intereses de sus creadores. Y me parece que mucha gente hoy obedece más a las reglas de la industria que a una vocación genuina. A nosotros siempre nos ha gustado la música que tenga profundidad, que tenga alma. Si lo vemos de cierta manera, Kind of Blue de Miles Davis no es un disco, es un ejercicio meditativo. Nunca hemos sido ni seremos un grupo de éxitos.

¿Por qué ha sido tan importante este nuevo álbum en su carrera?

Mettavolution fue nuestra salida del confort. Sentíamos que habíamos caído en una fórmula exitosa de grabar discos de cierta manera y de hacer giras. Estábamos cómodos en nuestro mundo y no nos salíamos de él. Pero la verdad es que desde 2016 ambos sentimos que algo no nos hacía clic, nos sentíamos estancados y por eso decidimos hacer un reset para reconectar con la energía que tuvimos cuando comenzamos nuestra carrera, cuando en realidad no teníamos expectativas de nada y sólo nos enfocábamos a hacer música y a viajar. Eso fue nuestra definición de éxito durante mucho tiempo: hacer música y viajar. Pero en algún momento algo cambió y entramos en una zona de confort. Por eso con este disco dijimos: a la fregada, no queremos encajar con nada, vamos a trabajar de otra manera, vamos a cambiar todo en nuestra música, desde la manera de escribirla hasta trabajar con un productor.

Es poco comercial que su nuevo sencillo sea un cover de Echoes, de Pink Floyd, una canción que dura casi 20 minutos…

Es parte de esa salida del mundo cómodo en el que estábamos. Elegimos Echoes porque expresa bien cómo nos sentimos actualmente en el mundo de la música. Es una pieza fundamental en la historia de Pink Floyd porque fue cuando el grupo dejó de ser una banda de canciones para convertirse en una banda de discos conceptuales. Fue cuando Roger Waters y David Gilmour decidieron arriesgarse y alejarse del Pink Floyd que conocía y quería todo el mundo, el Pink Floyd de Syd Barret que sonaba en la radio y que iba acorde con el movimiento musical de la época. Y de pronto ellos deciden hacer este viaje de 20 minutos y decir: este es un nuevo Pink Floyd. Es una canción muy simbólica en ese sentido. Sobre todo porque la letra también habla sobre reconectar con tu propia humanidad, porque no hay manera de comunicarse con los demás si no empiezas a comunicarte contigo mismo.

¿Se ha perdido la costumbre de escuchar un disco completo?

Así funciona el mercado, pero eso también habla de una pérdida de espiritualidad. Tenemos una fe ciega en el progreso y de pronto nos olvidamos de nuestra condición humana cuando ponderamos el avance tecnológico sobre las cosas que nos nutren como seres humanos. Hemos avanzado mucho en materia tecnológica, pero no podemos decir lo mismo de nuestra espiritualidad. El progreso es positivo siempre y cuando esté al servicio de la vida. El problema es que en medio de tanto progreso, de tanta información, de tantos placeres instantáneos, a veces no sabemos quiénes somos.

Fuente: El Financiero.

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